El pueblo venezolano no puede seguir siendo esclavo de lo que
combate. Este es el momento de romper con la cultura que nos enajenó.
Asumamos que “una revolución para que sea irreversible debe ser
cultural”
Alà Ramón Rojas Olaya
La injerencia estadounidense contra Venezuela en este siglo, apoyada
en la agresión empresarial interna, se inició desde el mismo
momento en que la Casa Blanca conoció el inminente triunfo que
tendrÃa el candidato Hugo Chávez en las elecciones del 6 de
diciembre de 1998. Estas embestidas se concretan, aunque por poco
tiempo, entre el 11 y 12 de abril de 2002. Desde ese momento el golpe
de Estado en Venezuela adquiere la categorÃa de “continuado”.
Tiene dos variantes: el militar-mediático-empresarial, como fue
aquel, y el parlamentario, como es el que se inició el 23 de octubre
de 2016 bajo la Operación Cóndor Plan Rock and Roll y que tiene su
génesis en la instalación de la Asamblea Nacional el 6 de enero
cuando ya ésta se decidió, más que a legislar, a destituir al
presidente Nicolás Maduro siguiendo las pautas de otro plan: la
Operación Venezuela Freedom 2, emanada por el militar estadounidense
Kurt Tidd del Comando Sur.
Ambos momentos son distintos. Para el año 2002 la industria
petrolera no estaba bajo control de la Revolución Bolivariana y un
porcentaje significativo del alto mando militar apoyaba la
contrarrevolución. En 2016, esas dos debilidades habÃan sido
superadas. En ambos casos, la producción y distribución de bienes
siguen estando bajo control de Fedecámaras. Es desde que la
Revolución asume Pdvsa que se inicia el auge social en Venezuela al
punto de ocupar el tercer lugar de los paÃses latinoamericanos y
caribeños con menor porcentaje de pobreza, de acuerdo con la
Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).
Los laboratorios de desestabilización de Estados Unidos planifican
cómo derrocar la Revolución Bolivariana. Para ello han desplegado
una guerra económica, financiera, psicológica, mediática,
cultural, fronteriza, paramilitar, jurÃdica y eléctrica. El
vicepresidente del PSUV, Diosdado Cabello, hizo público el 22 de
octubre de 2016 el golpe parlamentario que contempla insistir en el
Referendo Revocatorio, alegar el abandono del cargo por parte del
presidente Maduro, convocar un paro nacional, marchar hasta
Miraflores, asediar a los cuarteles militares, atacar a la Fuerza
Armada Nacional Bolivariana y esperar la intervención de Estados
Unidos a través de su embajada.
El pueblo se organiza en la defensa integral de la Patria, y han
surgido, en el seno del poder constituyente, escuelas de formación
polÃtica. Tal es el caso de la Escuela de Defensa Integral
Comandante Eliézer Otaiza (Ediceo) que nace el 11 de abril de 2015,
por mandato del Plan de la Patria que, en su objetivo general
1.7.2.2, insta a “crear una Escuela Popular Itinerante para la
educación del pueblo en materia de defensa integral”. Ediceo parte
de la importancia que tiene la unidad cÃvico-militar y su papel es
fortalecer las potencialidades en materia socioproductiva, cultural,
ambiental, cientÃfica, humanÃstica, partiendo de la Doctrina
Militar Bolivariana.
Ante esta guerra, el presidente Nicolás Maduro crea la Agenda
Económica Bolivariana como primer paso sólido de planificación de
la transición del Estado rentista al Estado socioproductivo
emancipador.
Y en materia de defensa, activa el Consejo de Defensa de
la Nación que, como establece el artÃculo 323 de la Carta Magna,
“es el máximo órgano de consulta para la planificación y
asesoramiento del Poder Público en los asuntos relacionados con la
defensa integral de la Nación, su soberanÃa y la integridad de su
espacio geográfico”. Para el problema de la dependencia productiva
se crea la Gran Misión Abastecimiento Soberano y para el saboteo en
la distribución de bienes, se crean los Comités Locales de
Abastecimiento y Producción (CLAP). Aún persiste el serÃsimo
problema de la cultura hegemónica capitalista subdesarrollante que
transgrede las raÃces de los pueblos y se expresa en la cultura del
petróleo. La defensa integral de la Patria tiene en la cultura su
centinela idóneo. El pueblo venezolano no puede seguir siendo
esclavo de lo que combate. Este es el momento de romper con la
cultura que nos enajenó. Asumamos que “una revolución para que
sea irreversible debe ser cultural”.
Las fuentes de legitimidad del Gobierno Bolivariano residen en el
poder popular. El pueblo ha asumido el poder constituyente tal y como
lo expresa el artÃculo 5 de la Constitución de la República
Bolivariana de Venezuela “La soberanÃa reside intransferiblemente
en el pueblo” y el artÃculo 2 de la Ley Orgánica del Poder
Popular en la que define a éste como: “el ejercicio pleno de la
soberanÃa por parte del pueblo en lo polÃtico, económico, social,
cultural, ambiental, internacional, y en todo ámbito del
desenvolvimiento y desarrollo de la sociedad, a través de sus
diversas y disÃmiles formas de organización, que edifican el estado
comunal”.

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